Cuando una empresa necesita crecer, optimizar su logística o trasladarse a un espacio propio, surge la necesidad de construir o adquirir una nave industrial. Elegir bien el tipo de nave y sus características puede marcar la diferencia entre una inversión rentable o un problema a medio plazo.
- Ubicación estratégica. La localización influye directamente en la logística, los costes de transporte y la accesibilidad para proveedores y clientes. Debe estar bien comunicada y adaptada a la actividad.
- Tipo de actividad. No es lo mismo una nave para almacenamiento que para producción o logística. Cada actividad tiene necesidades específicas de espacio, ventilación, altura o carga estructural.
- Normativa y licencias. El uso del suelo debe estar permitido para la actividad prevista. Además, hay que cumplir con normativas de seguridad, medioambiente y accesibilidad.
- Eficiencia y diseño. Una buena nave industrial debe optimizar el uso del espacio, la iluminación natural, el consumo energético y la distribución interna.
- Posibilidades de ampliación. Siempre es recomendable dejar margen para crecer en el futuro sin necesidad de grandes modificaciones estructurales.
- Construcción a medida o nave prefabricada. Según los plazos, presupuesto y necesidades, puede optarse por una construcción tradicional o una estructura modular.
Contar con una empresa constructora que asesore desde el principio y entienda la actividad empresarial es clave para garantizar una inversión segura y duradera.